Rossana Fernández-Maldonado: “Llegas a una etapa que no importa lo que digan”

Era una niña que estaba sentada y sobre una mesa jugaba con plastilina. Al frente los reflectores y las cámaras de video. Era su primer comercial, tenía tres años. Era Rossana Fernández-Maldonado , quien a los 14 fue parte de Nubeluz y tres años después hizo Nino, su primera telenovela.

Me recibe en su casa y cuando le pido retratar su presente en una canción, elige “Ella”, de Bebe; y si fuera una cantante a tiempo completo, sería como Yuri, con quien cumplió el sueño de cantar “Maldita primavera”. El soundtrack de su vida incluye a Yola Polastri, Lucero, Shakira y Laura Pausini. En su faceta de solista solo ha dado dos conciertos: el primero cuando iba a interpretar su primera novela, a los 18 años, y el último fue en 2018, que llegó a ser como una suerte de terapia luego de su divorcio. Y ahora, sobre los 40, dará su tercer concierto, matizado con un show de stand-up comedy. Serán dos funciones, mañana y este 27, en el C.C. Bianca Arena (Grau 135, Barranco), a las 9:30 p.m. Las entradas están a la venta en los sitios web Joinnus y Atrápalo.

“Ella se ha cansao de tirar la toalla”, canta Bebe. “Ella se ha puesto color en las pestañas, hoy le gusta su sonrisa, no se siente una extraña”, dice otro pasaje del tema. Ella, Rossana, nos regala sonrisas y miradas de una mujer que hace “lo que le da la gana”.

A la luz de los reflectores, tu vida ha estado marcada básicamente por la actuación y tu exposición en programas de TV. ¿Y el canto de qué forma lo fuiste cultivando? 
Toda mi vida he cantado. Antes de empezar a hacer novelas, tenía un grupo y cantaba en la kermés del colegio. Se llamaba La Flaca Maldita de los Hijos de la Gran Fruta (risas). Y seguí cantando mientras estaba en la universidad, donde estudiaba Educación Inicial.

-¿De niña a qué jugabas primero: a actuar o cantar?
A cantar. Yo veía ‘Siempre en domingo’ y salían Lucerito, Yuri, Thalía, Alejandra Guzmán.

-¿Y cómo quién serías ser?
Como Yuri, hasta ahorita (risas). Hacía las coreografías y todo como jugando. Y eso me ha ido definiendo artísticamente.

-Estar en Nubeluz fue casi como ser parte de un grupo musical, con giras y todo ello.
Se hizo el grupo de cíndelas y gólmodis, y en las giras teníamos nuestro momento de cantar. Nos dieron entrenamiento en canto y baile. Fue lo más parecido a ser un Menudo. Dábamos conciertos para 15 mil personas, había carteles con los nombres de todos.

-Es bien curioso ese momento: Nubeluz fue muy exitoso y estaba bien producido, pero al mismo tiempo el Perú vivía una época de crisis social y económica. ¿Sentiste esa contradicción?
Creo que para nosotros fue un escape y para los niños que veían el programa también. Ahora, sí nos tocó que, estando en un ensayo, explotó una bomba a unas cuadras. Uno ya asumía que en cualquier momento se iba la luz. Pero era un programa al que la gente le tenía mucho cariño. Llegábamos a 24 países.