Papel de padres en educación, aliados estratégicos del aprendizaje infantil

La participación activa de los padres es uno de los factores que más influye en el desarrollo académico y emocional de los niños, ya que se convierten en los principales aliados durante los primeros años del proceso educativo. Cuando un padre se involucra de manera equilibrada, el niño fortalece su seguridad, disciplina y vínculo positivo con el aprendizaje. Esta presencia temprana construye un entorno de confianza donde el menor comprende que estudiar es valioso y que cuenta con acompañamiento constante.

Carolina Bohorquez Herrera, coordinadora académica de Kumon, explica que este acompañamiento impacta directamente en tres áreas clave: la autonomía para asumir responsabilidades, la disciplina para mantener hábitos diarios y las habilidades socioemocionales necesarias para enfrentar retos y tolerar la frustración. “El compromiso y el interés auténtico de los padres en el proceso educativo fomentan una mayor motivación y dedicación de los estudiantes hacia su progreso. En la experiencia diaria de los centros Kumon, esta participación activa se refleja de manera clara, los niños avanzan más cuando cuentan con acompañamiento constante en casa”, señala.

Asimismo, indica que hoy las familias enfrentan desafíos que generaciones anteriores no vivieron, teniendo menos tiempo disponible debido a jornadas laborales extensas, sobrecarga de información que dificulta identificar qué es realmente útil, distracciones digitales constantes, altos niveles de exigencia y dudas sobre cómo acompañar sin interferir.

“Muchas familias buscan orientación clara y prácticas concretas que les permitan apoyar a sus hijos sin generar tensión o dependencia. Por ello, el método Kumon propone un rol activo y equilibrado para las familias, ya que los padres observan avances, refuerzan la rutina diaria, fomentan la responsabilidad y celebran logros sin caer en comparaciones o presión excesiva. La clave está en ser facilitadores del entorno, no sustitutos del aprendizaje del niño”, comenta Bohorquez.

En esa misma línea, la experta señala que los orientadores trabajan en comunicación permanente con las familias mediante reuniones periódicas, informes de progreso y orientación personalizada para fortalecer hábitos en casa. Este diálogo continuo permite que los padres entiendan el proceso y se conviertan en aliados estratégicos. De hecho, los orientadores observan mejoras significativas en concentración y hábitos cuando los padres participan de manera activa.

“La colaboración entre la familia y el método genera avances notables en el aprendizaje. Se observa un aumento en la concentración y la autonomía, una mejor disposición hacia el estudio, una reducción de la frustración y un fortalecimiento integral de la confianza. Cuando los padres participan de manera estratégica y positiva, los niños mejoran académicamente y también desarrollan habilidades para la vida, desde la disciplina hasta la resiliencia”, concluyó Bohorquez.

Entradas relacionadas

Deja tu comentario