Infraestructura vulnerable y presión inflacionaria: el alto precio de no prevenir frente a El Niño Costero

El inicio oficial de El Niño Costero 2026 encuentra al Perú en un momento especialmente frágil. Las cifras hablan por sí solas: 59 personas fallecidas, más de 5800 damnificados, 1,6 millones expuestos a deslizamientos y 1,3 millones en riesgo de inundaciones. Para especialistas de la Universidad de Lima, este impacto no solo responde a la fuerza del fenómeno climático, sino a un país que vuelve a llegar tarde a la prevención, con suelos inestables, defensas debilitadas y una infraestructura vial que no ha sido preparada para resistir eventos de esta magnitud.

Mientras las lluvias y los huaicos avanzan, la conectividad del país se deteriora a un ritmo preocupante. La Superintendencia de Transporte Terrestre de Personas, Carga y Mercancías (Sutrán) reporta 5 vías nacionales bloqueadas y 23 carreteras con tránsito restringido. Esto es consecuencia directa de drenajes colapsados, quebradas sin mantenimiento y puentes diseñados con información hidrológica que ya no refleja la realidad. Desde la ingeniería civil, el diagnóstico es claro: la falta de obras de drenaje pluvial, la ausencia de limpieza preventiva y la fragmentación institucional han amplificado los daños que hoy se observan en distintas regiones.

Suelos inestables y gestión pendiente

Darwin La Torre, docente de la Carrera de Ingeniería Civil de la Universidad de Lima, explica que la vulnerabilidad del país frente a El Niño Costero es el resultado de una combinación de factores naturales y fallas de gestión. Recuerda que “en la sierra predominan suelos sueltos y poco cohesionados en pendientes pronunciadas y escasa vegetación”, lo que facilita los deslizamientos y vuelve insuficientes a las defensas convencionales frente a la fuerza erosiva de los huaicos. Aunque el Perú cuenta con normas y sistemas de alerta, La Torre advierte que “las responsabilidades están fragmentadas y el control es débil”, lo que se traduce en quebradas sin mantenimiento, drenajes colmatados y una respuesta que suele activarse solo cuando la emergencia ya está encima.

El especialista sostiene que la prevención debe empezar con decisiones de inversión y ejecución basadas en mapas de peligros que permitan ubicar con claridad qué quebradas y torrenteras tienen mayor probabilidad de activarse durante lluvias intensas y por dónde se encauzará el flujo, además de identificar los puntos donde se concentra el arrastre de sedimentos. Con esa información, se pueden priorizar y diseñar obras de drenaje pluvial —colectores, canales y reservorios temporales— para reducir inundaciones urbanas. En paralelo, plantea un ordenamiento territorial para cortar la ocupación de zonas de alto peligro; eso incluye reubicar de manera preventiva a la población que actualmente vive en áreas no mitigables. Como complemento técnico, propone estructuras de retención de sólidos en quebradas para disminuir el arrastre de material y los daños aguas abajo.

Infraestructura vial: mantenimiento, intervención y decisiones preventivas

Un punto central en el análisis de La Torre es la urgencia de revisar la vigencia de la infraestructura vial frente a eventos cada vez más intensos. En puentes, propone partir de una verificación básica: contrastar el caudal de diseño con los caudales reales y evaluar riesgos como socavación y taponamiento. Si una crecida supera lo previsto, el agua puede elevarse más de lo permitido, reducir el paso hidráulico y aumentar las exigencias sobre la estructura, por lo que debe definirse si basta mantenimiento y protección o si corresponde una intervención mayor, incluso el reemplazo. En carreteras, la prioridad es asegurar el funcionamiento continuo —con mantenimiento preventivo— de zanjas de coronación, drenajes y obras de protección de taludes para evitar colapsos y cortes durante lluvias intensas.

El ingeniero subraya que la prevención ya no debe ser reactiva. Requiere planificación territorial, obras específicas y decisiones difíciles, como la reubicación preventiva en zonas donde el riesgo es permanente.

¿Cómo impacta El Niño Costero en la economía?

Desde el análisis económico, José Luis Nolazco, docente de la Facultad de Economía de la Universidad de Lima, explica que el impacto de este fenómeno suele concentrarse en sectores clave. “En general, lo que observamos con diferentes episodios de El Niño es que se suele tener un impacto principalmente en el sector agrícola y pesquero; también puede verse afectada la manufactura primaria, pues depende de estos dos sectores”, señala. El especialista advierte que, si debido a las lluvias se pierden plantaciones y hay menos cosecha de la esperada, el primer impacto real se hará sentir en el sector agropecuario.

En cuanto al crecimiento nacional, Nolazco advierte que el impacto dependerá de la magnitud del evento: “Si la magnitud del fenómeno es considerada débil, el impacto en el PBI será entre 0,3 a 0,5 puntos porcentuales. Si es de magnitud moderada, estará en torno a 1 o 1,5”, concluye y enfatiza que un evento fuerte tendría consecuencias mucho más severas para la economía nacional.

El economista también identifica un efecto inmediato en los precios, lo cual impacta en la inflación durante febrero. “Este bloqueo de carreteras puede generar algún retraso de algunos días en el traslado de los principales productos a Lima, que podría generar obviamente una subida de precios”, advierte. No obstante, aclara que este incremento debería ser transitorio y los precios deberían disiparse posteriormente.

Finalmente, Nolazco aclara que los desastres naturales no suelen afectar la calificación crediticia del país, pero sí generan un costo estructural significativo. “El impacto más grande probablemente sea el costo de reconstrucción, que será de muy largo aliento”, afirma y subraya que el resultado final dependerá de la capacidad del Estado para ejecutar medidas oportunas y sostenidas.

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