Día del Maestro: más de 570 mil docentes educan a los niños y jóvenes en todo el Perú

Pocas profesiones moldean tanto el rumbo de una sociedad como la docencia. No solo porque los maestros transmiten conocimientos, sino porque definen, en buena medida, las oportunidades que tendrán sus estudiantes. Este 6 de julio, el Perú celebra a las 570,408 personas que se dedican a la enseñanza básica pública y privada en nuestro país.

De acuerdo con información revelada por la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES), de este más de medio millón de docentes, 552,948 enseñan en el sistema básico regular: inicial, primaria y secundaria. Otros 12,804, enseñan en el sistema alternativo, dirigido a personas de 14 años a más, que no pudieron acceder o completar la educación formal y buscan hacerlo ahora. Finalmente, 4,656 maestros trabajan en el sistema básico especial, que atiende a niños y adolescentes con discapacidad leve o moderada.

“La evidencia internacional es contundente; un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reveló que contar con maestros mejor capacitados y más productivos permite aumentar las notas de los estudiantes en un 5.1% y elevar en un 9.3% sus años de escolaridad. Invertir en el docente es, por lo tanto, una vía eficiente para asegurar el desarrollo del alumno”, comentó Franco Saito, economista de REDES.

¿En qué condiciones trabajan los maestros del país? La respuesta depende, en gran medida, de la zona geográfica en la que se encuentran. En Perú, más de la mitad (57%) de todos los locales educativos públicos ubicados en zonas rurales requieren una sustitución total. Esto quiere decir que al menos el 70% del área techada presenta un riesgo muy alto de colapso, por lo que las edificaciones deben ser demolidas y reemplazadas por infraestructura nueva. Mientras tanto, en el ámbito urbano solo el 18% de los locales se encuentran en estas condiciones.

La región con una mayor proporción de locales en necesidad de sustitución total es Cajamarca (63,6%), seguida por Puno (59,6%). Al otro extremo de la lista se encuentran Madre de Dios (15,3%) y Tumbes (20,5%)

“La infraestructura tiene un impacto directo en el día a día de las clases. Un maestro no puede concentrarse únicamente en el dictado de material, ni mantener motivados a sus alumnos si el aula no cuenta con las condiciones básicas de comodidad y seguridad para trabajar. Si queremos mejorar la educación en el país, un paso importante es darle al docente un lugar adecuado donde enseñar”, señaló Saito.

En cuanto a acceso a los servicios básicos, las diferencias también son marcadas. Lima Metropolitana y el Callao registran cerca de un 90% de locales educativos con agua, alcantarillado y electricidad conectados a la red pública. En el otro extremo, Loreto apenas llega al 6% y Ucayali al 8,6%. En conjunto, 18 regiones no logran proveer el paquete de servicios completos a la mitad de sus instituciones educativas.

La escasez de psicólogos escolares limita el soporte emocional para los docentes

La labor docente no termina al explicar una clase. Los maestros deben ser capaces de gestionar conflictos entre estudiantes, detectar señales de alarma en la vida familiar de sus alumnos, y gestionar sus propias emociones, todo ello en contextos muchas veces adversos.

En 2025, el Ministerio de Educación (Minedu) amplió las plazas de psicólogos escolares a 4 mil, con lo que se estima una cobertura de 2,6 millones de estudiantes en colegios públicos. Los números revelan que cada especialista tiene a su cargo un promedio de 650 alumnos, una carga que deja poco margen de acción para un acompañamiento personalizado y continuo. Además, el 57% del alumnado público, más de 3,4 millones de estudiantes, sigue sin acceso a este servicio. Para cubrir a todos con esa misma proporción, el país necesitaría 9 mil 300 plazas.

Un psicólogo con una sobrecarga laboral de esta magnitud tampoco puede acompañar a los docentes: orientarlos para manejar situaciones difíciles en el aula, ayudarlos a procesar la carga emocional acumulada, o darles herramientas para lidiar con el estrés que viene de enseñar en entornos complejos. Ello cobra especial importancia al considerar que el 30% de los docentes de quinto de secundaria confesó sentirse emocionalmente agotado por su trabajo, de acuerdo con la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA) 2025.

“El reconocimiento a los docentes debe traducirse en políticas públicas efectivas por parte del Estado, orientadas a cerrar las brechas estructurales de infraestructura y soporte socioemocional en el sector. Es rol prioritario del Estado garantizar las condiciones básicas y las herramientas necesarias en las aulas; solo asegurando este piso mínimo, el magisterio podrá potenciar su desempeño y mejorar de manera sostenible los resultados de aprendizaje en el país”, concluyó Saito de REDES.

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