Lima.- Manifestaciones de irritabilidad, tristeza, y agresividad pueden observarse en niñas, niños y adolescentes en edad escolar. En el Perú, más del 60% de los escolares de sexto de primaria expresa no saber manejar sus emociones, como lo señalan los resultados de la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje 2024 (Minedu).
Roxana Miranda Enrico, jefa de la carrera de Psicología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), señala que para que se puedan gestionar las emociones es importante haber tenido la oportunidad de acercarse a ellas, aceptarlas, nombrarlas y comprenderlas. Es probable que la dificultad para lograrlo se relacione con la falta de experiencias sostenidas orientadas a reconocer lo que siente y aprender a canalizarlo de forma segura.
“Esperamos que los niños se calmen solos, pero no nos preguntamos si alguna vez les hemos enseñado a hacerlo. La autorregulación es una habilidad que se forma en relación con otros:
requiere tiempo, paciencia y acompañamiento. Por eso, más que corregir las reacciones externas, es necesario crear espacios seguros en los que niños y jóvenes puedan expresar, nombrar y procesar lo que sienten», detalla.
En esa línea, la especialista brinda las siguientes recomendaciones:
- Autoconocimiento. – El conocimiento de uno mismo es el punto de partida para diferentes procesos de la vida, por lo que toda actividad que ayuda a que niños y jóvenes desarrollen ese camino debe ser parte central de nuestras acciones e intervenciones.
- Reconocer las emociones. – La capacidad de gestionar emociones comienza con la posibilidad de tomar conciencia de lo que se está sintiendo y reconocer las emociones presentes. El acompañamiento y orientación de los adultos es indispensable. Es importante reconocer y nombrar las emociones sin temor.
- Validar antes de corregir: Es indispensable reconocer que todas las emociones son válidas, y que no existen emociones positivas o negativas. Aunque algunas resulten menos agradables que otras, cada una tiene su razón de ser y es importante saberlo para poder gestionarlas mejor. La vivencia de la emoción es subjetiva, por lo tanto, es importante que se pueda validar lo que un niño o adolescente siente, sin señalar si está bien o no. A partir de ello se puede también orientar la regulación de los pensamientos y las conductas, abordándolos de manera integral.
- Desarrollar técnicas de regulación emocional. – La respiración es la principal aliada en el campo de las emociones. Tomar conciencia de la respiración e ir regulándola, calmándola y haciéndola más profunda es de gran utilidad. Nos acompaña siempre y podemos recurrir a ella siempre que queramos. Actividades físicas, pintar, dibujar, escuchar música, también son técnicas que pueden ser de ayuda. Es importante tener en cuenta que las técnicas con mayor efecto pueden variar de persona a persona y varían con la edad.
- Crear entornos seguros. – Toda acción que realicemos debe permitir que el niño o adolescente se sientan seguros para hablar y expresar lo que sienten y con la tranquilidad de ser escuchados sin que se invaliden sus emociones. Para ello el adulto cercano debe mostrar calma y disposición a escuchar, acompañar y orientar en un ambiente de contención y respeto, lo cual ayudará en el establecimiento de límites.
Para la especialista, la escuela cumple un papel clave en el desarrollo emocional de niños y jóvenes en la gestión de las emociones que van experimentando a lo largo de su etapa escolar. Es así que, desde la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, se busca preparar a los estudiantes de Psicología en el diseño de actividades y talleres socioemocionales en colegios y otros espacios. A través de juegos, dinámicas grupales y sesiones guiadas con docentes, han tenido la oportunidad de llevar a cabo estos talleres con niños de primaria.
“La gestión emocional es necesaria para todos, niños jóvenes y adultos. Es una herramienta transversal que favorece la convivencia, el aprendizaje y el bienestar. Es por ello que desde la UARM impulsamos actividades que realizan nuestros estudiantes en temas como el desarrollo emocional en el ámbito escolar a partir del conocimiento de las realidades que viven niñas y niños en distintos contextos”, concluye.