Cáncer infantil en el Perú: la importancia del acompañamiento emocional durante el tratamiento

El cáncer infantil representa no solo un desafío clínico, sino también un profundo impacto emocional para los niños, adolescentes y sus familias. El diagnóstico, los tratamientos prolongados y las hospitalizaciones frecuentes alteran la vida cotidiana y pueden generar altos niveles de estrés, miedo e incertidumbre desde las primeras etapas de la enfermedad.

De acuerdo con estimaciones recientes del sector salud, alrededor de 1 900 menores de entre 0 y 19 años reciben cada año un diagnóstico de cáncer en el país, una realidad que exige una atención integral que considere tanto el abordaje médico como el cuidado de la salud mental de los pacientes pediátricos.

“Recibir un diagnóstico de cáncer en la infancia es una experiencia altamente disruptiva. El impacto emocional no es igual en todos los niños, ya que depende de su edad, personalidad y del entorno familiar que los acompaña”, explica María Elena Escuza, directora de Psicología de la Universidad Norbert Wiener. Según señala, es común que los menores experimenten miedo, ansiedad, frustración o tristeza durante el proceso, emociones que requieren contención y acompañamiento especializado.

El impacto emocional durante el tratamiento

Durante el tratamiento, estos estados emocionales suelen manifestarse a través de cambios en el comportamiento. La ansiedad frente a procedimientos médicos, la irritabilidad, la regresión a conductas propias de etapas anteriores o el retraimiento social son reacciones frecuentes que, de no atenderse a tiempo, pueden afectar el bienestar psicológico del niño.

Escuza advierte que existen señales de alerta que los padres y cuidadores deben observar con especial atención, como alteraciones persistentes del sueño o la alimentación, pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban, aislamiento social o expresiones de culpa relacionadas con los cambios físicos provocados por el tratamiento. “Los niños no siempre expresan con palabras lo que sienten; muchas veces lo comunican a través de su conducta”, precisa.

Más allá del cuidado físico, el entorno familiar se convierte en el principal sostén emocional del niño, brindándole seguridad y estabilidad en medio de la enfermedad. Mantener rutinas adaptadas, validar sus emociones y ofrecer espacios de escucha contribuye a fortalecer su capacidad de afrontamiento.

Asimismo, la especialista resalta la importancia de hablar sobre el cáncer de manera honesta y acorde a la edad del niño. Utilizar un lenguaje sencillo, aclarar que la enfermedad no es contagiosa ni consecuencia de algo que haya hecho, y permitir que exprese sus dudas y temores ayuda a reducir la ansiedad y el miedo a lo desconocido.

En este contexto, el acompañamiento psicológico profesional cumple un rol central dentro del tratamiento integral del cáncer infantil. Este apoyo permite contener emocionalmente a los pacientes, orientar a las familias y prevenir secuelas psicológicas a largo plazo, recordando que cuidar la salud mental es también una forma de cuidar la calidad de vida durante y después de la enfermedad.

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