El 82% de las empresas de la región prioriza ESG: Cinco claves para no quedar fuera de la cadena de valor

Los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) han dejado de ser una tendencia para convertirse en un factor decisivo de competitividad empresarial. Según el estudio ESG Landscape Latinoamérica 2025 de RSM, aplicado a más de 250 organizaciones en 18 países, el 45% de los clientes ya exige información ESG a sus proveedores. En este escenario, quienes no gestionen sus impactos no solo quedan fuera de carteras de inversión, sino también de cadenas de suministro y financiamiento verde.

“La regulación ha convertido la sostenibilidad en una obligación para las empresas, y no gestionarla supone un riesgo real. Para los inversores, los criterios ESG permiten medir riesgos que pueden afectar directamente los resultados financieros. Ya no se trata de aplicar sostenibilidad solo por voluntad propia, sino de entender que una empresa que no gestiona bien sus impactos ambientales, sociales y de gobernanza tampoco será sostenible económicamente”, señaló May López, directora del Global Executive Máster en Sostenibilidad ESG de EAE Business School y autora del Observatorio de la Sostenibilidad en Iberoamérica.

Por ello, López nos comparte cinco acciones ESG concretas que cualquier empresa puede implementar hoy para volverse más competitiva y atractiva para los inversionistas:

Realiza un análisis de doble materialidad. Este es el punto de partida de cualquier estrategia ESG sólida. Permite identificar y priorizar los riesgos, impactos y oportunidades más relevantes para la organización, asegurando que los recursos se destinen a lo que realmente importa tanto para el negocio como para sus grupos de interés.

Mide y reporta tus emisiones de CO₂. Más allá de responder a exigencias regulatorias y de mercado, esta medición es una herramienta de gestión que permite detectar ineficiencias, optimizar procesos, impulsar la eficiencia energética, reducir costes operativos y dar respuesta a cada vez una mayor demanda de esta información por parte de los clientes . Lo que no se mide, no se puede mejorar.

Establece objetivos ESG cuantificables y vinculados al negocio. Definir metas claras y medibles facilita el seguimiento del desempeño, fortalece la credibilidad ante inversionistas y contribuye a mejorar la rentabilidad y la resiliencia a largo plazo. El mantra es medir para mejorar, comunicar para avanzar y siempre con el objetivo de generar valor.

Fortalece tus políticas de gobierno corporativo y ética empresarial. Un modelo de gobernanza sólido reduce riesgos reputacionales y de cumplimiento, mejora la transparencia y genera confianza entre inversionistas, clientes y colaboradores. En un mercado que valora cada vez más la integridad corporativa, esto se convierte en un diferencial competitivo real.

Integra criterios ESG en tus compras y cadena de suministro. Aunque requiere mayor coordinación con proveedores, esta medida minimiza riesgos, fortalece la resiliencia de la cadena de valor y mejora el posicionamiento competitivo a largo plazo. Es también donde se concentra el grueso del impacto y del riesgo que muchas empresas ignoran.

“El peor error es comunicar antes de hacer: eso es greenwashing, que hoy la normativa europea persigue y sanciona. A un CEO que quiere dar su primer paso ESG esta semana le diría que no empiece por el informe, sino por una decisión en su comité: esto es estrategia, gestión de riesgos y una forma de hacer negocios, no marketing”, agregó May López de EAE Business School.

En un entorno donde los marcos regulatorios se endurecen y los inversionistas exigen cada vez más transparencia, implementar una estrategia ESG ya no es una opción reservada para las grandes corporaciones. Es la decisión más rentable y resiliente que una empresa puede tomar hoy, sin importar su tamaño ni su sector.

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