La doble mirada: liderazgo con responsabilidad y conciencia

Uno de los desafíos más complejos del liderazgo es equilibrar la observación del entorno con una revisión sincera de nuestras propias decisiones. Como afirma Golergant: “Un buen líder no puede mirar solo por la ventana para identificar lo que sucede afuera; también debe mirarse al espejo y asumir su parte”.

Esta premisa se relaciona con un concepto de la psicología llamado error fundamental de atribución: la tendencia a atribuir nuestros éxitos a factores internos (como talento o esfuerzo) y los fracasos a factores externos (como la mala suerte o el entorno). Lo mismo puede ocurrir en las organizaciones, donde muchas veces se busca una explicación externa a los resultados, sin cuestionar qué pudo haberse hecho diferente.

Además, cuando se evalúa a otros, suele aparecer una “doble vara”: se asocian sus errores con falta de capacidad o compromiso, y sus aciertos con factores circunstanciales. Este sesgo puede limitar el aprendizaje y debilitar la confianza dentro de los equipos.

Desde esta perspectiva, liderar requiere ejercer una doble mirada. Cuando todo va bien, mirar por la ventana es reconocer el trabajo colectivo y los factores externos que contribuyeron al éxito. Cuando las cosas fallan, mirar al espejo es preguntarse qué no se hizo, qué se pudo prever o cómo se pudo acompañar mejor el proceso.

El liderazgo implica responsabilidad sobre el entorno del equipo. Si alguien no alcanza los resultados esperados, no basta con señalar fallas individuales; es necesario cuestionar si se brindaron las condiciones necesarias para su desarrollo.

Asumir con serenidad tanto los aciertos como los errores fortalece la confianza, el aprendizaje y el crecimiento compartido. Mirar por la ventana y al espejo no es un gesto de control, sino una forma de liderazgo consciente y comprometido.

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