Aunque la tecnología es vista como motor de transformación en empresas e instituciones, la mayoría de sus implementaciones no logran los resultados esperados. Según estudios de Gartner y Prosci, el 80 % de los proyectos tecnológicos fracasan, ya sea por no generar el retorno de inversión previsto o por requerir retrabajo significativo tras su ejecución.
Para Javier Gómez, docente de la Facultad de Negocios de Zegel, la explicación no siempre está en una mala gestión. A menudo, el problema está en la propia naturaleza de la tecnología.
> “A diferencia de otras disciplinas, como la construcción, la tecnología es aún inmadura, intangible y difícil de medir. Eso dificulta la planificación, el monitoreo y la toma de decisiones”, señala.
Factores que explican la alta tasa de fallos
El especialista destaca algunos elementos que suelen pasar desapercibidos:Inmadurez: la tecnología moderna tiene apenas unas décadas de desarrollo y aún carece de estándares ampliamente consolidados.
Intangibilidad: los sistemas no cuentan con representaciones físicas claras, lo que complica medir avances o detectar errores a tiempo.
Ambigüedad: sin tangibles, los objetivos y plazos se vuelven difusos, afectando la colaboración entre áreas.
Resistencia al cambio: la tecnología suele impactar simultáneamente en varias áreas, generando tensiones internas que dificultan su adopción.
Cómo evitar errores comunesGómez propone cuatro pasos clave para asegurar que un proyecto tecnológico genere valor real para la organización:
1. Definir bien el problema: todo proyecto debe responder a una necesidad clara, alineada con la estrategia del negocio.
2. Validar la factibilidad: conocer a fondo cómo funciona la tecnología evita malentendidos sobre lo que realmente puede hacer.
3. Medir el valor del cambio: si la implementación no mejora la situación actual, no tiene sentido avanzar.
4. Asegurar liderazgo activo: todo proyecto necesita un sponsor que garantice recursos y mantenga alineadas las expectativas.
> “La tecnología tiene el potencial de transformar. Pero si no la entendemos como una herramienta que debe ser gestionada con criterio, seguirá generando más frustración que valor”, advierte el especialista.
En tiempos de transformación digital acelerada, comprender por qué fallan los proyectos tecnológicos es tan importante como invertir en ellos.
