La diabetes mellitus tipo 2 continúa en ascenso en el país, afectando a una población creciente y generando un costo acumulativo que compromete no solo la salud individual, sino también la sostenibilidad del sistema sanitario nacional. Según cifras del INS, más de 2 millones 500 mil peruanos conviven actualmente con esta enfermedad crónica.
“Nos enfrentamos a una epidemia silenciosa. En muchos casos, la diabetes no da señales tempranas, pero cuando se detecta tarde, sus consecuencias ya son graves: afecta al corazón, los riñones, el sistema nervioso y compromete la calidad de vida de manera severa”, señala el Dr. Rafael Martínez, miembro del comité médico de ALAFAL.
La situación se vuelve más preocupante cuando se analizan los niveles de diagnóstico y adherencia al tratamiento. Gran parte de la población con diabetes tipo 2 en el Perú no está diagnosticada o no recibe un seguimiento adecuado. Esto conduce a complicaciones evitables, mayores tasas de hospitalización y una carga económica elevada tanto para las familias como para el sistema de salud.
“Si no fortalecemos el primer nivel de atención, no será posible revertir esta tendencia. La educación en salud, la detección precoz y el tratamiento oportuno deben ser pilares de cualquier política pública en esta materia. Como sector farmacéutico, nos corresponde aportar con soluciones terapéuticas eficaces y trabajar de la mano con los profesionales de salud para mejorar el acceso y la adherencia”, agrega Martínez.
Otro de los aspectos críticos es la normalización del sobrepeso y la obesidad, sobre todo en niños y adolescentes. Estas condiciones son factores de riesgo clave en el desarrollo de diabetes tipo 2, y muchas veces no se perciben como amenazas reales. “Un niño con obesidad hoy puede convertirse en un adulto con comorbilidades múltiples mañana. Necesitamos intervenir desde etapas tempranas con educación nutricional y estrategias multisectoriales”, advierte el vocero.
En ese contexto, la industria farmacéutica, representada por ALAFAL, reafirma su compromiso con la salud pública, no solo a través de la disponibilidad de tratamientos seguros y de calidad, sino también con iniciativas educativas y campañas de prevención.
“Combatir la diabetes no es solo una responsabilidad médica, es una responsabilidad colectiva. Y para enfrentarla, necesitamos más educación, más prevención y un enfoque integral que ponga al paciente en el centro”, finaliza el Dr. Martínez.