Cada 22 de abril, el Día de la Tierra invita a reflexionar sobre nuestra relación con el entorno y la necesidad de adoptar hábitos más sostenibles. En ciudades en constante crecimiento, donde los espacios verdes son cada vez más escasos, reconectar con la naturaleza se vuelve un desafío, pero también una oportunidad.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el entorno urbano está asociado a mayores niveles de estrés, mientras que el contacto con áreas verdes contribuye significativamente al bienestar mental. En ese contexto, los biohuertos se posicionan como una alternativa práctica y accesible, incluso para quienes viven en departamentos o cuentan con espacios reducidos.
Desde su experiencia en comunidades urbanas, Richard Chávez, subgerente de acompañamiento social, señala que no se necesita un gran terreno para empezar. “Hoy es posible transformar balcones, ventanas o pequeños rincones del hogar en espacios productivos, utilizando soluciones verticales o recipientes reciclados que optimizan el uso del espacio”, explica.
Un aspecto clave al iniciar un biohuerto es observar las condiciones del entorno: la cantidad de luz natural, la ventilación y el tiempo disponible para el cuidado. A ello se suma la temporalidad de los cultivos, ya que no todas las plantas crecen igual durante el año. Adaptar lo que se siembra según la estación permite obtener mejores resultados y mantener el biohuerto saludable. Para empezar, se recomienda optar por especies de fácil manejo como hierbabuena, albahaca, lechuga o cebolla china.
Más allá de su aporte en la alimentación, los biohuertos generan beneficios que impactan directamente en la calidad de vida: ayudan a purificar el aire, regulan la temperatura en los espacios y contribuyen a reducir el estrés. Este contacto cotidiano con la naturaleza, incluso en pequeñas dosis, favorece el bienestar emocional y promueve hábitos más conscientes.
“En la práctica, lo que vemos es que las familias se apropian rápidamente de estos espacios. El cuidado de un biohuerto se convierte en un momento de pausa y conexión, algo muy valioso en la dinámica urbana actual”, comenta Chávez.
Desde el enfoque inmobiliario, BESCO también ha incorporado esta tendencia en sus proyectos, implementando biohuertos en áreas comunes diseñadas para ser inclusivas y sostenibles. Estas estructuras se instalan a una altura adecuada para que los adultos mayores puedan participar sin necesidad de agacharse, y además se elevan como medida de protección frente a las “manitos traviesas” de niños y mascotas. De esta manera, se fomenta el uso responsable del espacio compartido y la participación de toda la comunidad.
Incorporar un biohuerto en casa no solo es una práctica sostenible, sino también una forma de reconectar con los ciclos naturales y generar equilibrio en el día a día. En el marco del Día de la Tierra, iniciativas como esta demuestran que pequeñas acciones pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida.
En esa línea, BESCO impulsa su estrategia Besco Sostenible, integrando la sostenibilidad como un eje transversal en su gestión. A través de WASI, su programa de acompañamiento social, promueve la buena convivencia, el uso responsable de las áreas comunes y prácticas como el reciclaje. Estas acciones no solo fortalecen la organización vecinal, sino que también contribuyen a mantener y valorizar los espacios, generando bienestar y valor a largo plazo para las familias.
