En una modesta vivienda, convertida en un consultorio de enfermería técnica, Flor Tangoa Taullima de 46 años, realiza su labor con dedicación en la ciudad de Pucallpa, región de Ucayali. “La discapacidad no me detuvo; al contrario, me dio más fuerzas, porque la discapacidad no es incapacidad”, afirma con seguridad. Su historia de vida cobra especial relevancia a pocos días de celebrarse el Día de la Madre.
Flor es madre de 2 hijos: Cristian (24 años), estudiante de SENATI y Amós (16 años), estudiante de cuarto de secundaria, ha asumido con resiliencia los desafíos que marcaron su camino, pero nunca su espíritu. Desde muy joven la vida le presentó duras pruebas: a los 15 años comenzaron los primeros dolores, iniciando lo que ella misma describe como su “vía crucis”.
A los 17 años ingresó a estudiar enfermería técnica, impulsada por el deseo de servir a los demás. Sin embargo, durante sus estudios enfrentó un momento difícil, notó sangrado en su pecho y los médicos le advirtieron sobre la posible existencia de cáncer. A pesar del miedo, su fe fue más fuerte. Siempre confió en que Dios tenía la última palabra. Finalmente, fue diagnosticada con fibroadenomas y siguió el tratamiento correspondiente.
Algunos años después y por recomendación médica, quedó embarazada. La maternidad se convirtió en una de sus mayores motivaciones para seguir luchando. A los 29 años recibió otra dura noticia: le diagnosticaron diabetes y necesitó múltiples transfusiones de sangre. Más adelante, también le detectaron leptospirosis. Aun así, nunca dejó de aferrarse a su fe y a su fortaleza interior.
A los 42 años vivió uno de los momentos más difíciles de su vida, un accidente con aceite caliente provocó la pérdida de una pierna. Este hecho la llevó a tocar fondo, al punto de intentar quitarse la vida en dos ocasiones. Sin embargo, logró levantarse gracias a su fe y su Biblia —que se convirtió en su guía— y el apoyo incondicional de sus padres y sus hijos.
Poco tiempo después, llegó a su vida una persona importante, Víctor, un trabajador de la oficina Municipal de Atención a la Persona con Discapacidad (OMAPED), quien también formó parte de su proceso para seguir adelante. Recibió una silla de ruedas que transformó su vida. Para ella, la silla de ruedas no es una limitación, sino sus nuevas “piernas”, con ella cocina, lava, baila y mantiene su independencia.
Flor se siente profundamente agradecida con el Programa Nacional Contigo del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, ya que marcó un antes y un después en su vida y en la de su familia. Este apoyo fue clave en momentos críticos, especialmente durante su hospitalización, cuando no tenía recursos para cubrir sus gastos médicos. Recuerda con emoción el día en que recibió por primera vez la ayuda económica para sus medicamentos: lloró de alegría y agradeció a Dios, convencida de que todo llegaría en el momento perfecto. Además, valora el grupo humano que ha encontrado allí, las capacitaciones constantes, y el espacio donde comparten, ríen y se apoyan mutuamente.
Hoy, a sus 46 años, vive con una filosofía clara: la discapacidad no la define ni la limita. Cree firmemente que “somos discapacitados, pero no incapacitados”. Está convencida de que todas las personas tienen ideas, sentimientos y capacidades para salir adelante. Agradece lo que tiene: su inteligencia, sus manos y su capacidad de valerse por sí misma. No se queja, porque confía en que Dios sabe por qué hace las cosas y cómo sostenerla en cada etapa.
En la actualidad, aplica inyecciones y realiza trabajos de enfermería técnica, la carrera que estudió.
Su mensaje a las mujeres y madres del programa es claro y poderoso: todo en la vida tiene solución, excepto la muerte. Por eso, invita a no rendirse, a no desanimarse y a seguir adelante con fe. Considera que Dios siempre dará la sabiduría necesaria para continuar el camino.
Dato
Contigo es un programa social del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, que busca elevar la vida de las personas con discapacidad severa en situación de pobreza, ofreciendo el servicio de acompañamiento al usuario, a su hogar y a su comunidad, a través de una red de gestores a nivel nacional, y una pensión contributiva de 300 soles bimestrales.
A través de la línea de intervención de acompañamiento contempla la formación de cuidadores de personas con discapacidad severa, acciones de contención emocional tanto de usuarios como de cuidadores, y la asistencia técnica a nuestros aliados estratégicos para el desarrollo de acciones articuladas.