La deforestación, la contaminación del aire y la escasez de agua configuran un panorama ambiental crítico en el Perú que ya impacta directamente en la salud pública, la economía y la calidad de vida de millones de peruanos, según advierten especialistas. Entre 2001 y 2024, según el Ministerio del Ambiente, el país perdió 3,2 millones de hectáreas de bosques amazónicos, actividad que representa actualmente el 51 % de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero.
A ello se suma que, solo en el primer trimestre de 2025, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) emitió 248 alertas por alta contaminación del aire, de las cuales 181 se registraron en Lima. La disponibilidad de agua también representa un desafío. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la costa concentra el 60 % de la población y genera el 80 % del PBI nacional, pero dispone de menos del 2 % del agua dulce del país.
Javier Quino, director de la Carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Lima, advierte que los problemas son diversos y urgentes: “El Perú enfrenta desafíos ambientales urgentes, como la pérdida de bosques impulsada por la expansión agrícola, tala ilegal y cultivos ilícitos. En las ciudades, la contaminación del aire y la deficiente gestión de residuos son problemas cotidianos”.
El especialista también alerta que el país es altamente vulnerable frente al cambio climático, con eventos extremos cada vez más frecuentes e intensos. A ello se suma la contaminación de ríos y fuentes de agua por mercurio y cianuro producto de la minería ilegal, mientras que la degradación de los suelos compromete la producción de alimentos y los medios de vida de numerosas comunidades.
El mapa de la desigualdad ambiental
Estos desafíos no afectan por igual a las regiones del país. Según el Índice Regional de Sostenibilidad Ambiental (IRESA), Tacna, Arequipa y Lima lideran el desempeño ambiental gracias a mejoras en gestión de residuos y capacidad institucional, mientras que Loreto, Huánuco y Madre de Dios registran los mayores rezagos por problemas de gobernanza ambiental, deterioro de áreas verdes, incendios forestales, minería ilegal y mala calidad del aire.
Según Quino, estas diferencias reflejan una brecha ambiental persistente: “El informe revela una brecha profunda entre regiones. Algunas avanzan gracias a una mejor gestión institucional y planificación, mientras que otras retroceden por el avance de actividades ilegales. El problema no es solo la ilegalidad, también influyen disparidades estructurales que el proceso de descentralización no ha logrado corregir”.
El costo de no actuar
Las consecuencias de estos problemas van más allá del deterioro ambiental. “En lo económico, se traduce en pérdida de producción, mayores costos energéticos y restricciones comerciales por incumplir estándares internacionales de sostenibilidad. En salud pública, las condiciones climáticas favorecen la expansión de enfermedades como el dengue y aumentan los casos de enfermedades digestivas”, explica Quino.
Si bien el Perú cuenta con un marco legal para enfrentar los desafíos ambientales, el especialista considera que el principal reto está en acelerar su implementación: “El instrumento más importante en materia climática es la Estrategia Nacional ante el Cambio Climático para el 2050, pero su avance es lento y los esfuerzos actuales no son suficientes. El gran reto está en fortalecer leyes y, sobre todo, en hacer frente a las economías ilegales”.
Para revertir esta situación, el especialista señala que las prioridades del país deben enfocarse en tres frentes:
● Fortalecer la adaptación al cambio climático, protegiendo ecosistemas estratégicos y mejorando la gestión de los recursos hídricos.
● Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mediante la lucha contra la deforestación y el impulso de energías renovables.
● Reforzar la gobernanza ambiental, con una mejor gestión de residuos, mayor inversión en investigación científica y la incorporación de criterios de sostenibilidad en la inversión pública.
Para Javier Quino, avanzar en estos tres frentes es indispensable para reducir las brechas ambientales entre regiones y construir un desarrollo más sostenible y resiliente.