El bruxismo, caracterizado por apretar o rechinar involuntariamente los dientes, suele estar relacionado con la ansiedad y el estrés. Entre los factores que pueden contribuir a estos cuadros se encuentran las preocupaciones económicas, las deudas y otras situaciones que generan tensión en la vida diaria.
Un estudio publicado en 2025 en la revista especializada Journal of Dentistry encontró una asociación entre el bruxismo y factores psicológicos como el estrés y la ansiedad, lo que refuerza la importancia de atender no solo los síntomas dentales, sino también las causas que pueden estar detrás de ellos.
“Es común que los pacientes lleguen a consulta con desgaste dental, tensión mandibular o incluso fracturas de piezas sin saber que detrás puede existir un componente emocional importante. El bruxismo se manifiesta de forma involuntaria y suele estar relacionado con la ansiedad, el estrés y otras preocupaciones cotidianas que, con el tiempo, pueden afectar significativamente la salud bucal”, explica la Dra. Kristel Santa Cruz, especialista en implantología digital avanzada y rehabilitación de casos complejos.
La experta señala que, durante los últimos años, ha observado un incremento en este tipo de casos, especialmente en pacientes sometidos a altos niveles de presión laboral o personal. Frente a ello, comparte cinco señales que podrían evidenciar el impacto del estrés en los dientes y la salud bucal:
Dolor o tensión en la mandíbula. La presencia de rigidez al despertar, fatiga muscular o incomodidad al abrir y cerrar la boca puede estar relacionada con el hábito involuntario de apretar las piezas dentales durante el descanso nocturno. Suele ocurrir en personas que atraviesan periodos de alta exigencia laboral o emocional.
Dolores de cabeza recurrentes. La sobrecarga constante de los músculos faciales y de la zona mandibular puede desencadenar molestias frecuentes, especialmente durante las primeras horas del día. En muchos casos, estos episodios son confundidos con migrañas o problemas de otra naturaleza.
Mayor sensibilidad dental. El deterioro progresivo de la superficie protectora de las piezas dentales favorece una respuesta más intensa frente a cambios de temperatura o al consumo de determinados alimentos y bebidas. Por ejemplo, tomar café caliente o ingerir helados puede generar una molestia repentina.
Desgaste o pequeñas fracturas en los dientes. La aparición de bordes irregulares, fisuras o alteraciones en la forma natural de las piezas puede evidenciar una presión excesiva ejercida de manera continua. Esta condición suele observarse con mayor frecuencia en personas que rechinan los dientes sin darse cuenta.
Chasquidos o molestias al masticar. La tensión prolongada sobre la articulación temporomandibular puede generar sonidos al mover la mandíbula, además de incomodidad o limitaciones durante funciones cotidianas como comer o hablar. Si no se atiende a tiempo, esta situación puede afectar la movilidad normal de la articulación.
La especialista advierte que, cuando no se detecta a tiempo, el bruxismo puede generar daños irreversibles. “El desgaste continuo puede comprometer la estructura dental, afectar la mordida e incluso aumentar el riesgo de pérdida de piezas dentales en los casos más severos”, señala.
Además de visitar al odontólogo dos veces al año, la Dra. Santa Cruz recomienda adoptar hábitos para reducir los niveles de estrés, descansar las horas adecuadas y buscar apoyo profesional cuando la ansiedad o tensión emocional se vuelven persistentes.