¿Cómo saber si mi vivienda necesita mantenimiento?

El mantenimiento preventivo de una vivienda permite detectar oportunamente problemas que, si no son atendidos, pueden agravarse y requerir reparaciones costosas. Cambios en la pintura, fisuras, filtraciones, problemas en puertas y ventanas o fallas en instalaciones eléctricas y sanitarias son algunas de las señales que los propietarios no deberían pasar por alto.

Diana Nunura, docente de la carrera de Ingeniería Civil de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), explica que el mantenimiento debe realizarse de acuerdo con los materiales empleados en la construcción y sus respectivos tiempos de vida útil. “Cada proyecto cuenta, generalmente, con un expediente técnico que incluye las especificaciones y un manual de mantenimiento. Si se espera a que falle un material, este podría afectar a otras zonas de la vivienda”, señala.

Señales de alarma

Entre las señales más frecuentes se encuentran el cambio de color o aparición de manchas en las paredes, la presencia de fisuras y dificultades para cerrar puertas o ventanas. Asimismo, en las instalaciones sanitarias, se debe prestar atención a la acumulación de agua en lavatorios o duchas, así como a las filtraciones en techos y paredes y al desprendimiento de pintura, de acuerdo con la docente de UTP.

En el caso de las instalaciones eléctricas, algunas señales de alerta son “que los focos no enciendan correctamente, que los tomacorrientes se sobrecalienten o que los electrodomésticos presenten fallas, como recibir corriente o no encender”, detalla.

Atención a las grietas y fisuras

No todas las fisuras representan necesariamente un problema grave. Sin embargo, Nunura recomienda prestar especial atención a las que se presentan en elementos estructurales como vigas, muros, placas, losas o columnas. “Las grietas profundas con espesor mayor a 3 milímetros, y que permiten visualizar el acero de refuerzo, requieren especial cuidado”, advierte.

La especialista señala que las fisuras en muros, vigas o columnas pueden estar relacionadas con un asentamiento de la edificación. Asimismo, si las puertas dejan de cerrar correctamente o el marco se ha desnivelado, es recomendable solicitar una evaluación profesional.

Revisiones periódicas para prevenir riesgos

La frecuencia del mantenimiento depende de cada material y de sus especificaciones técnicas. En el caso de las instalaciones sanitarias, la recomendación es realizar una revisión cada seis meses como mínimo, o de acuerdo con las indicaciones del manual de mantenimiento de la edificación.

Para las instalaciones eléctricas y de gas, el periodo puede llegar hasta los cinco años. “Las instalaciones de gas requieren especial atención debido al riesgo que representa una fuga, mientras que una mala conexión eléctrica puede ocasionar cortocircuitos”, afirma. “En los tableros eléctricos, se debe comprobar que los interruptores no estén flojos, calientes al tacto o presenten manchas oscuras. También es una señal de alerta que la llave general baje de manera frecuente”, comenta.

Finalmente, en el caso de las estructuras, problemas como la corrosión del acero, pérdida de recubrimiento, grietas y debilitamiento de los elementos estructurales deben ser atendidos oportunamente. “Cuando se detecten fisuras mayores a 3 milímetros y profundas, se visualice el acero de refuerzo, existan filtraciones o desprendimiento de pintura, o se presenten fallas en instalaciones eléctricas, sanitarias o de gas, es recomendable solicitar la evaluación de un profesional”, concluye.

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