Las alergias en perros y gatos pueden manifestarse con picazón persistente, enrojecimiento de la piel, pérdida de pelo y lesiones que afectan su bienestar. Sin embargo, uno de los principales desafíos es identificar qué las provoca y evitar prácticas que puedan dificultar su diagnóstico o agravar sus síntomas.
Entre los desencadenantes más frecuentes se encuentran las picaduras de pulgas, los alérgenos ambientales, como el polen, los ácaros del polvo y el moho, determinados ingredientes de los alimentos y, con menor frecuencia, el contacto con productos de limpieza o de higiene. Como las manifestaciones pueden ser similares a las de otras enfermedades dermatológicas, es importante no asumir que todas las molestias tienen el mismo origen.
“Uno de los errores más importantes es intentar tratar los síntomas sin conocer su causa. La picazón puede tener distintos desencadenantes y, si se utilizan medicamentos sin supervisión veterinaria, es posible ocultar señales clínicas, agravar una infección o dificultar la identificación del problema”, explica Yilam García Noli, Technical Leader de Companion Animals de Zoetis Perú.
Los síntomas que no deben pasarse por alto
La picazón recurrente es una de las señales más habituales de alergia. También pueden aparecer lamido o mordisqueo frecuente de las patas, frotamiento de la cara, sacudidas de cabeza, enrojecimiento, costras, heridas e infecciones repetidas de la piel o los oídos.
En los gatos, el lamido excesivo puede provocar zonas sin pelo y pequeñas lesiones cutáneas. En algunos casos, especialmente cuando existe sensibilidad alimentaria, también pueden presentarse vómitos o diarrea.
Ante estas señales, el médico veterinario debe evaluar los antecedentes de la mascota, revisar su piel y sus oídos, y descartar la presencia de parásitos o infecciones. Cuando se sospecha de una alergia alimentaria, puede indicar una dieta de eliminación estricta, habitualmente durante ocho semanas, sin premios ni alimentos adicionales. Para investigar las alergias ambientales, las pruebas de alérgenos en sangre o cutáneas pueden contribuir a identificar los desencadenantes y orientar alternativas como la inmunoterapia específica.
Por qué no se debe suspender el tratamiento por cuenta propia
Otro error frecuente es interrumpir el tratamiento cuando la mascota deja de rascarse o las lesiones parecen haber desaparecido. La mejoría de la piel no significa necesariamente que la alergia esté controlada, ya que algunas afecciones requieren seguimiento y medidas de manejo a largo plazo.
La picazón intensa puede provocar heridas, pérdida de pelo, engrosamiento de la piel e infecciones secundarias, lo que prolonga la recuperación y complica el cuadro clínico. Por eso, los medicamentos deben utilizarse durante el tiempo indicado y cualquier ajuste o suspensión debe realizarse bajo supervisión veterinaria.
“Cada mascota puede necesitar un abordaje diferente. Seguir las indicaciones del médico veterinario y mantener los controles permite evaluar la respuesta al tratamiento, prevenir recaídas y establecer medidas adecuadas para el manejo a largo plazo”, señala García Noli.
La prevención también cumple un papel importante
Mantener al día el control antiparasitario, lavar regularmente la cama de la mascota, aspirar los espacios donde descansa y utilizar productos de higiene adecuados para cada especie son medidas que ayudan a cuidar la piel. También es importante proporcionar una alimentación acorde con las necesidades del animal y consultar antes de incorporar suplementos o modificar su dieta.
Aunque algunas alergias ambientales pueden empeorar en determinadas épocas del año, según la región y el clima, las pulgas pueden representar un problema durante todo el año en ciertos entornos. Tanto perros como gatos pueden desarrollar alergias, independientemente de su raza o edad.
