Donar sangre es uno de los actos más concretos de solidaridad que existen. No requiere dinero, toma menos de una hora y puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Sin embargo, en el Perú aún persisten temores y creencias erróneas que limitan la participación ciudadana.
De acuerdo con el Ministerio de Salud del Perú (MINSA), el país necesita entre 600 mil y 700 mil unidades de sangre al año, pero históricamente no siempre se alcanza el total requerido. Además, apenas el 23% de las donaciones son voluntarias y repetitivas, cuando la meta recomendada por la Organización Mundial de la Salud es superar el 90% de donación voluntaria para garantizar estabilidad y seguridad en el sistema.
Una donación, tres oportunidades de vida
Muchas personas creen que una bolsa de sangre solo ayuda a un paciente. La realidad es mucho más impactante: Una sola donación puede beneficiar hasta tres personas diferentes.
Esto es posible porque la sangre se separa en tres componentes principales:
- Glóbulos rojos, esenciales para transportar oxígeno.
- Plaquetas, fundamentales para la coagulación y el control de hemorragias.
- Plasma, que contiene proteínas vitales para múltiples funciones del organismo.
Cada componente se utiliza según la necesidad clínica del paciente. Por ejemplo, una madre con hemorragia obstétrica puede requerir glóbulos rojos; un paciente oncológico en quimioterapia puede necesitar plaquetas; y un paciente en UCI con ‘shock séptico’ puede requerir plasma.
“El acceso oportuno a transfusiones permite mejorar la oxigenación de los tejidos, reducir complicaciones, continuar tratamientos como la quimioterapia y disminuir la mortalidad hospitalaria”, señaló la Dra. Ina Perez, Médico Jefe Banco de Sangre y medicina transfusional AUNA.
Además, la sangre tiene fecha de vencimiento: los glóbulos rojos duran entre 35 y 42 días y las plaquetas apenas 5 días. Esto hace indispensable una donación constante y planificada, no sólo reactiva ante emergencias.
Mitos que frenan la donación
A pesar de la importancia del impacto, todavía existen creencias que generan temor:
- “Me voy a debilitar”.
- “Voy a subir o bajar de peso”.
- “Me pueden contagiar alguna enfermedad”.
- “Si dono una vez, me van a llamar siempre”.
- “Si tengo tatuajes, ya no puedo donar nunca”.
“La evidencia médica demuestra que estos temores no tienen sustento científico. El cuerpo repone el volumen plasmático en 24 a 48 horas y los glóbulos rojos en pocas semanas”, explicó la Dra. Perez, Médico Jefe Banco de Sangre y medicina transfusional AUNA.
El procedimiento es altamente seguro e incluye entrevista médica previa, evaluación de hemoglobina, control de signos vitales y el uso de material estéril y descartable. Las reacciones adversas graves son extremadamente raras y, de presentarse, suelen ser leves y transitorias, como mareo pasajero.
Más que un acto solidario
Sin sangre disponible no hay cirugías complejas, trasplantes, atención adecuada de emergencias ni continuidad de tratamientos oncológicos. La sangre es una infraestructura crítica del sistema de salud y su disponibilidad depende directamente de la participación ciudadana.
Por ello, la red AUNA impulsa activamente una cultura de donación voluntaria y constante que permita garantizar abastecimiento permanente y seguro para quienes lo necesiten.
“Donar sangre no es un acto extraordinario; es una decisión responsable y comunitaria. Si mañana alguien que amas necesitará sangre, dependería de que alguien haya decidido donar antes”, recalcó la especialista.
La red de clínicas AUNA reafirma su compromiso con la promoción de la donación voluntaria como parte de una cultura de prevención, solidaridad y responsabilidad social. Donar sangre es salvar vidas. Y cada donación cuenta.
