Fraudes, malas prácticas o conductas inapropiadas son
situaciones que pueden presentarse en el entorno laboral y que, en algunos casos, pasan
desapercibidas para las organizaciones. Con frecuencia existen señales de alerta percibidas
por los trabajadores. La falta de un canal seguro y confiable para reportar estas conductas,
sumado a un uso poco analítico de los sistemas confidenciales de denuncias puede terminar
jugando en contra del negocio, por lo que, en ese sentido, el rol de las líneas éticas juega un
papel clave.
“Una línea ética solo funciona cuando los trabajadores confían en ella. Para lograrlo, la
empresa debe garantizar confidencialidad real, procesos claros, la protección tanto del
denunciado y del denunciante, así como la lucha frontal contra las represalias, sobre todo, en
una gestión transparente de las denuncias. La forma en que se implementa y se comunica el
canal es determinante. Para que sea percibido como un espacio seguro y efectivo debes
mostrar resultados. No es una tarea fácil, por lo que una mirada analítica en esta tarea siempre
es necesaria en el flujo de procesos”, indica Óscar Meléndez, Socio de Servicios Forenses y
Riesgos de Integridad de EY Perú.
De esta manera, cuando estas líneas existen, pero carecen de procesos especializados,
trazabilidad y rigor técnico en el tratamiento de las denuncias; no logran generar precedentes ni
credibilidad y terminan por convertirse en mecanismos formales que difícilmente producen
resultados efectivos, dando una falsa sensación de seguridad.
“Las líneas éticas pueden no estar funcionando por casos diversos, hay quienes consideran
reportar una situación, pero no siempre tienen claridad sobre si lo que observan constituye una
falta, otros que desconocen cuál es el canal adecuado para hacerlo o algunos que no creen
que su denuncia será atendida y generará acciones concretas. Si estos sistemas no son
gestionados con el nivel de especialización y solidez técnica necesarios, puede haber
consecuencias que van desde un mayor riesgo de fraudes y pérdidas económicas, hasta
sanciones legales o regulatorias, el deterioro de la cultura ética y la pérdida de confianza
interna”, agrega Meléndez.
Más allá de la recepción de denuncias, el análisis de la información permite medir la confianza
que genera el sistema y la calidad de las denuncias recibidas. Sin una gestión profesional y
analítica de la línea ética, la empresa corre el riesgo de no saber si realmente está captando
las denuncias relevantes o si los problemas están quedando ocultos.
“Hay una normativa vigente que asigna responsabilidad administrativa a las personas jurídicas
para implementar mecanismos de prevención y denuncia, así como para gestionar
adecuadamente la información que estos generan. En este marco, la pregunta clave sobre las
líneas éticas no es únicamente cuántas denuncias recibe una organización, sino también si
está recibiendo las que realmente importan”, finaliza Óscar Meléndez, Socio de Servicios
Forenses y Riesgos de Integridad de EY Perú.
Acerca de EY Perú
EY es el líder global en servicios de auditoría, impuestos, consultoría, estrategia y
transacciones. La calidad de servicio y conocimientos que aporta ayuda a brindar confianza en
los mercados de capitales y en las economías del mundo. Desarrolla líderes excepcionales que
trabajan en equipo para cumplir su compromiso con sus stakeholders. Así, juega un rol
fundamental en la construcción de un mundo mejor para su gente, sus clientes y sus
comunidades.