Joel Pinasco Tejada, un obrero de 35 años, natural de Iquitos, no imaginó jamás que un golpe en su miembro viril podía dejarlo sin orinar y con serios problemas de salud. Su caso inició hace 11 años, cuando trabajaba en una fábrica de juguetes, se golpeó los genitales con una mesa metálica, lo que le generó un daño serio en su uretra. Buscó ayuda médica, pero todos los tratamientos que recibió no sirvieron, su uretra no funcionaba adecuadamente y Joel se tuvo que acostumbrar a orinar a cuentas gotas.
“Primero me pusieron sonda para poder orinar, pero solo me funcionaba por algunos días. También consumí hierbas medicinales y no me curé. Me hicieron una uretrotomía (procedimiento para tratar el estrechamiento de uretra), pero volvía a tener problemas para miccionar. Esto se convirtió en una discapacidad”, relató Joel.
Desde el 2015, ningún médico le daba una solución definitiva, hasta que, en el 2025, Joel llegó al Hospital Nacional Dos de Mayo (HNDM), del Ministerio de Salud (Minsa), donde luego de exhaustivos exámenes médicos, los especialistas del Servicio de Urología analizaron a detalle su caso y determinaron que la uretra de Joel estaba tan dañada que debía ser reconstruida.
El Dr. Andrés Uribe, cirujano urólogo del HNDM, se hizo responsable de la operación. En noviembre del 2025 realizó la primera cirugía que consistió en extraer un injerto de mucosa oral (piel de la mejilla interna del paciente) para colocarlo como piel nueva en la uretra dañada. Luego, en febrero de este año, una vez que el injerto “pegó” correctamente, se hizo la segunda intervención para terminar de reconstruir la uretra.
“Lo que hicimos con Joel fue obtener un injerto de la mucosa oral y lo trasladamos a la uretra peniana, lo mantuvimos entre tres y cuatro meses para que se nutriera de vasos sanguíneos y luego lo cerramos mediante una uretroplastía”, explicó el cirujano Andrés Uribe.
Actualmente, Joel continúa sus controles en el HNDM, el Dr. Uribe lo sigue monitoreando y todo marcha bien, puede orinar con normalidad sin necesidad de sondas permanentes.
“Cabe recalcar que este tipo de cirugías son procedimientos complejos y delicados que ameritan mucha paciencia porque hay que hacerles un seguimiento largo a estos pacientes. En el Hospital Dos de Mayo queremos darle la confianza a nuestros pacientes para que puedan acudir con nosotros y ofrecerles el mejor tratamiento posible”, resaltó el doctor.
Joel ha vuelto a hacer sus actividades cotidianas, puede trabajar y empezará a estudiar. “Estoy muy agradecido con el hospital, por tener profesionales que se interesan por la salud de las personas. Ahora ya no llevo la sonda, puedo hacer mi vida cotidiana. Me siento más tranquilo”, concluyó el paciente.