Con la llegada del invierno, las alergias respiratorias comienzan a intensificarse debido a factores como el aumento de la humedad, el encierro en espacios poco ventilados y la exposición a ácaros y moho. Según datos de EsSalud, alrededor del 20 % de la población peruana padece este tipo de afecciones, siendo la rinitis y el asma las más comunes. Estas condiciones pueden confundirse con resfríos o infecciones respiratorias, por lo que es importante un diagnóstico oportuno y un seguimiento adecuado.
En esa línea, el Dr. Eduardo Carcausto, médico internista de Sanitas, señala que las alergias no tienen cura, pero sí pueden y deben ser controladas para evitar que interfieran en la rutina diaria. “Dependiendo del tipo de alergia, los síntomas podrían incluir congestión nasal, tos, picazón, enrojecimiento de la piel o molestias digestivas. Si no se tratan adecuadamente, tienden a volverse crónicas y más difíciles de controlar. En algunos casos, pueden causar problemas más serios como inflamación en las vías respiratorias o alteraciones en la sangre, lo que requiere atención médica especializada”, indica.
Por ello, el especialista destaca la importancia de diferenciar una alergia respiratoria de una infección viral, como la gripe. “Muchas alergias siguen sin ser diagnosticadas, lo que dificulta conocer su verdadero impacto en la población”, afirma el Dr. Carcausto.
A continuación, el médico comparte cinco recomendaciones para identificar y controlar estas afecciones, ya que muchas personas conviven con los síntomas durante años sin saber que, con un tratamiento adecuado, podrían mejorar significativamente su calidad de vida:
- Reconocer los síntomas: Las alergias respiratorias pueden presentarse con congestión nasal persistente, estornudos frecuentes, picazón en la nariz, ojos o garganta, tos seca, lagrimeo e incluso fatiga prolongada. A diferencia del resfriado común, no suelen provocar fiebre ni malestar general intenso, y tienden a aparecer de forma estacional o tras la exposición a ciertos alérgenos del entorno.
- Identificar y evitar los desencadenantes: Los alérgenos más comunes incluyen los ácaros del polvo, el moho, el polen, el pelo de mascotas, los perfumes intensos y productos de limpieza con químicos irritantes. Se recomienda ventilar los ambientes, lavar con frecuencia la ropa de cama, usar fundas antialérgicas, evitar alfombras y mantener los espacios limpios y secos.
- Evitar la automedicación: Automedicarse es una práctica común pero riesgosa. Quienes son alérgicos a ciertos fármacos muchas veces desconocen los componentes activos de productos similares, lo que podría desencadenar reacciones cruzadas o cuadros graves.
- Contar con antihistamínicos recetados: En personas diagnosticadas con alergias, como la rinitis alérgica, es importante disponer de antihistamínicos indicados por el médico. Usarlos de forma estratégica, especialmente en épocas de mayor exposición como los cambios de estación, puede ayudar a prevenir que los síntomas se intensifiquen.
- Ventilar y mantener limpios los espacios: Una buena ventilación y la limpieza frecuente de los ambientes son claves para reducir la presencia de alérgenos. Se recomienda evitar la acumulación de objetos que retengan partículas y controlar los niveles de humedad en interiores.
Finalmente, las alergias no deben ser subestimadas, ya que no solo comprometen la salud respiratoria, sino que pueden derivar en cuadros crónicos que afectan la productividad, el descanso y el bienestar emocional. “Visibilizar su impacto permite promover diagnósticos tempranos y reducir los costos físicos y sociales que generan”, concluye el especialista.
