2025 es el año de la crisis hídrica en América Latina. Así lo advirtió el Foro Económico Mundial, proyectando que más de 1.500 millones de personas enfrentarán escasez del recurso. Desde 2016, el problema se ha venido intensificando. América Latina tiene motivos para alarmarse: el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) anunció que la demanda aumentará un 43% para 2050.
Las ciudades son uno de los escenarios más desafiantes. Aunque las campañas de concienciación se siguen implementando, es urgente aplicar soluciones tangibles apoyadas en la tecnología. La digitalización de los sistemas urbanos ofrece herramientas clave para monitorizar redes, prevenir fugas y hacer un uso más consciente de este recurso vital.
Daniel Jato Espino, docente de la Maestría en Ciudades Inteligentes y Sostenibles de VIU, destaca el papel de la tecnología en la reducción del desperdicio de agua y la importancia de la planificación urbana con medidas preventivas.
Inteligencia artificial para anticiparse a los problemas
Más allá de reaccionar ante averías o pérdidas, la tecnología permite preverlas antes de que ocurran. Herramientas de análisis predictivo, apoyadas en inteligencia artificial, contribuyen a optimizar la gestión de redes de abastecimiento, priorizando el mantenimiento y reduciendo el riesgo de colapso de infraestructuras.
Estas innovaciones ayudan a consolidar datos provenientes de distintas fuentes —sensores, predicciones meteorológicas o hábitos de consumo— para tomar decisiones en tiempo real, ajustadas a la realidad de cada territorio.
«Muchas ciudades están integrando plataformas de gestión apoyadas en inteligencia artificial, que consolidan datos de múltiples fuentes para tomar decisiones más informadas y sostenibles», subraya el experto de VIU. «Estas innovaciones, además de mejorar la eficiencia operativa, fortalecen la resiliencia urbana frente a la crisis hídrica y fomentan una cultura de uso responsable del agua».
Empoderar a los ciudadanos y planificar en conjunto
La sostenibilidad del agua en las ciudades inteligentes no puede recaer únicamente en la tecnología. También requiere cambios culturales y educativos que involucren a la ciudadanía. Promover hábitos de consumo responsable, capacitar sobre la reutilización de aguas grises y facilitar información mediante contadores inteligentes son pasos necesarios para garantizar una gestión compartida y participativa.
Para Daniel Jato Espino, la combinación de infraestructuras modernas y ciudadanía consciente constituye la mejor receta para enfrentar los retos del cambio climático y el estrés hídrico:
«La integración de todos estos datos en sistemas centralizados de gestión facilita la toma de decisiones en tiempo real y la coordinación entre actores públicos y privados», señala. «Estas tecnologías permiten a las ciudades no solo reaccionar ante problemas, sino anticiparse a ellos».
Las smart cities son un ideal al que hay que apuntar, pues representan un modelo de sostenibilidad donde la innovación y la cultura del cuidado del agua van de la mano, preservando un recurso esencial para las generaciones futuras.