En mayo se conmemora el Día Internacional de las Gallinas, una fecha que rinde homenaje a una de las especies más importantes para la alimentación y la seguridad alimentaria global. En Perú, la producción avícola es un pilar económico y nutricional: en 2025 representó el 21,3 % del valor bruto de la producción agropecuaria nacional (MIDAGRI), con un crecimiento sostenido en carne de pollo y huevos que alimenta a millones de familias diariamente.
Garantizar la bioseguridad en las granjas avícolas, especialmente en aquellas que han incorporado procesos de tecnificación, significa implementar medidas que protejan la salud de las aves, eviten enfermedades y potencien la calidad del producto final para el consumidor. Esto incluye control estricto del acceso, protocolos de higiene rigurosos, vacunación obligatoria y manejo adecuado de residuos y desechos para reducir riesgos sanitarios.
“El bienestar de las gallinas depende de la implementación de medidas de bioseguridad en granjas tecnificadas, lo que permite prevenir enfermedades, reducir el uso de antibióticos y optimizar la producción. Estas acciones aseguran una crianza más eficiente y sostenible, ofreciendo huevos y carne de alta calidad para los consumidores peruanos”, comentó la Asociación Peruana de Avicultores (APA).
Entre las principales medidas de bioseguridad que deben implementarse en las granjas avícolas peruanas se encuentran:
- CONTROL DEL ACCESO A LAS GRANJAS TECNIFICADAS: Estas instalaciones están diseñadas con infraestructura moderna y estrictos protocolos sanitarios. Es fundamental restringir la entrada de personas, vehículos y animales no autorizados mediante registros, duchas sanitarias y cambios de ropa y calzado. Esto minimiza drásticamente el riesgo de introducir patógenos que puedan comprometer la salud del lote y la eficiencia productiva.
- PROTOCOLOS DE HIGIENE ESTRICTOS: La limpieza y desinfección diaria de instalaciones, comederos, bebederos y equipos permite mantener un entorno sanitario seguro. Para ello, se establecen zonas diferenciadas (limpias y sucias), se emplean desinfectantes eficaces incluso en presencia de materia orgánica y se implementan vestuarios con cambio completo de ropa. Además, la cloración del agua y la desinfección de los vehículos de ingreso forman parte de los protocolos obligatorios. En conjunto, estas medidas disminuyen el riesgo de enfermedades respiratorias y entéricas.
- VACUNACIÓN Y MONITOREO CONSTANTE DE LA SALUD AVIAR: Mantener un esquema de vacunación actualizado contra Newcastle, influenza aviar, bronquitis infecciosa y otras patologías clave es indispensable. Este manejo se complementa con evaluaciones veterinarias periódicas y muestreos serológicos y de heces, que facilitan la detección temprana de posibles alteraciones. Estas prácticas ayudan a evitar brotes y a asegurar la sanidad de los lotes, mediante un seguimiento constante de su estado de salud.
- Control estricto del origen de las aves y los insumos: Todos los pollitos deben provenir de incubadoras certificadas con protocolos sanitarios superiores o iguales al de la granja receptora. Antes de su integración, se respeta un periodo de cuarentena para reducir riesgos. Los insumos (alimento, agua, cama) deben proceder de proveedores confiables y estar libres de contaminantes. Este control desde el origen permite disminuir la probabilidad de introducir enfermedades en el sistema productivo.
Garantizar la bioseguridad en la producción avícola es fundamental para proteger la salud de las aves, fortalecer la confianza del consumidor en la calidad de los huevos y la carne de pollo peruana, y asegurar un abastecimiento sostenible para el mercado nacional. Un enfoque preventivo reduce riesgos sanitarios, mejora la eficiencia productiva y minimiza costos asociados a enfermedades.