Después del boom mediático y el uso masivo de medicamentos para adelgazar, una nueva
preocupación empieza a tomar fuerza entre quienes recurrieron a este tipo de tratamientos:
¿qué ocurre cuando se dejan de usar? Mientras miles de personas en el mundo buscan
respuestas tras experimentar aumento de peso luego de suspenderlos, especialistas
advierten que el verdadero problema no está solo en el medicamento, sino en creer que la
obesidad puede resolverse de forma rápida y sin un enfoque integral.
El interés global por estos fármacos continúa creciendo. Según datos de la Organización
Mundial de la Salud (OMS), más de mil millones de personas viven con obesidad en el
mundo, mientras que estudios publicados en revistas médicas internacionales como JAMA y
The New England Journal of Medicine han evidenciado que muchos pacientes pueden
recuperar parte del peso perdido tras abandonar tratamientos basados en semaglutida y
tirzepatida -principios activos de medicamentos como Ozempic y Mounjaro- cuando no
existen cambios sostenibles en hábitos y seguimiento médico.
“El problema no es únicamente dejar el medicamento, sino pensar que el tratamiento
termina ahí. La obesidad es una enfermedad crónica y, como ocurre con otras
enfermedades, requiere control, seguimiento y cambios sostenidos en el tiempo”, explica el
Dr. Erick Piskulich, especialista en cirugía bariátrica de la Clínica Avendaño. “Además, este
tipo de fármacos suelen requerir un uso prolongado y muchas veces el principal motivo por
el que los pacientes abandonan el tratamiento es el costo económico que implica
mantenerlo”, agrega.
En ese contexto, el experto explica que el aumento de peso tras suspender este tipo de
medicamentos puede estar asociado a diversos factores físicos, metabólicos y conductuales
que muchas veces no son abordados de manera integral. Entre las principales razones
detrás de este llamado “rebote”, destaca las siguientes:
- El cuerpo intenta recuperar el peso perdido. Cuando una persona baja de peso
rápidamente, el organismo puede activar mecanismos hormonales y metabólicos
que aumentan nuevamente el apetito y reducen el gasto energético. - No hubo cambios reales en hábitos de vida. En muchos casos, los pacientes
dependen únicamente del medicamento sin trabajar alimentación, actividad física o
salud emocional, lo que dificulta mantener resultados a largo plazo. - Expectativas poco realistas. Algunas personas creen que estos tratamientos
funcionan como una solución definitiva. Sin embargo, al suspenderlos sin
supervisión médica, aparece frustración al notar que el peso regresa
progresivamente.
Para el Dr. Piskulich, este escenario refleja la necesidad de entender la obesidad desde una
mirada mucho más amplia. “No existen tratamientos milagrosos. Este tipo de medicamentos
pueden ser herramientas útiles en determinados pacientes, pero siempre deben formar
parte de un enfoque multidisciplinario donde intervengan médicos, nutricionistas y
especialistas en salud mental. Cuando solo se busca una solución rápida, el riesgo de
recuperar el peso es mucho mayor”, señala.
El especialista agrega que cada paciente responde de manera distinta y que el objetivo no
debería centrarse únicamente en bajar kilos, sino en mejorar la salud metabólica y sostener
hábitos en el tiempo. “Más allá del medicamento, lo importante es construir un tratamiento
integral que permita mantener resultados reales y seguros. La obesidad no desaparece de
un momento a otro, y por eso el acompañamiento profesional sigue siendo clave incluso
después de terminar cualquier tratamiento”, concluye.