Fideicomiso en garantía e hipoteca: ¿cuál elegir según el financiamiento?

La forma en que se respalda un crédito tiene un impacto directo en la administración de la operación y en la rapidez con la que se actúa ante una falta de pago. En este contexto, la hipoteca y el fideicomiso en garantía presentan características distintas que deben evaluarse según el perfil y necesidades de cada financiamiento.

En una hipoteca, el inmueble permanece dentro de la esfera patrimonial del deudor y, de presentarse un incumplimiento, su ejecución suele requerir un proceso judicial. En contraste, en un fideicomiso en garantía, los activos se transfieren a un patrimonio autónomo administrado por una entidad fiduciaria, lo que permite establecer reglas de ejecución extrajudicial previas y transparentes entre las partes intervinientes en el contrato.

“La clave de una garantía eficiente está en que se adapte perfectamente a la arquitectura del crédito. Una buena estructuración debe aportar reglas claras, previsibilidad y costos acordes a la complejidad de la operación”, explica Martín Balbuena Suito, Gerente de Estructuración y Negocios Fiduciarios de Corfid.

Criterios clave para elegir la garantía adecuada:

  • Complejidad de la operación: Un crédito respaldado por un solo inmueble, con un único acreedor y una fuente de pago fija, puede resultar viable para estructurar una garantía hipotecaria. Cuando intervienen varios participantes, activos o fuentes de pago, el fideicomiso permite establecer reglas específicas para ordenar su administración.
  • Diversidad de activos: Mientras la hipoteca se limita a bienes inmuebles, el fideicomiso permite incorporar flujos de dinero, derechos de cobro, bienes muebles, valores mobiliarios y cualquier otro bien que disponga nuestro ordenamiento jurídico. Esta versatilidad es clave cuando existen distintas fuentes de repago.
  • Previsibilidad y reglas de ejecución: El fideicomiso permite definir contractualmente desde el inicio cómo se administrarán los activos y qué mecanismos se aplicarán ante un eventual incumplimiento. Esto brinda a las partes mayor claridad sobre los procedimientos previstos durante la vigencia de la operación.
  • Costos y necesidades de administración: La elección también debe considerar los costos asociados a la constitución y gestión de la garantía, así como el nivel de administración que requiere el financiamiento. Una estructura más sencilla puede no necesitar los mismos mecanismos que una operación con distintos activos, flujos o participantes.

Antes de tomar una decisión, es recomendable analizar de forma integral la naturaleza del crédito, el tipo de activos disponibles, los costos de constitución y los escenarios de riesgo.

“Evaluar estos elementos desde la etapa de estructuración permite diseñar una garantía acorde con las necesidades de la operación. Contar con asesoría especializada ayuda a identificar la alternativa que brinde mayor claridad y eficiencia a las partes involucradas”, concluye Balbuena Suito.

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