Los ataques al corazón ya no son solo cosa de mayores: crecen casos en jóvenes

Según estudios recientes, los casos de accidentes cerebrovasculares (ACV) han
aumentado en los últimos años. Estos, ocurridos mayormente en personas de la tercera
edad, se están incrementando en adultos jóvenes y mujeres alrededor del mundo, lo que
genera preocupación a los especialistas.

Uno de los estudios, publicado en The Lancet Regional Health – Americas analiza lo que
ha ocurrido con los ACV en América en los últimos 30 años. Según las conclusiones, desde
el año 2015, hay más diagnósticos en personas jóvenes y la reducción en la mortalidad ha
empezado a desacelerarse.

“Un estudio publicado en JAMA Neurology analizó la prevalencia de factores de riesgo
cardiovascular y ACV en adultos jóvenes. Los hallazgos indican que la hipertensión, la
diabetes y la obesidad han aumentado significativamente en este grupo etario,
contribuyendo al incremento de ACV”, indicó Roger Algornoz, decano de la Facultad de
Ciencias de la Salud de la Universidad María Auxiliadora (UMA).

¿Por qué aumentan los ACV en jóvenes y mujeres?
El aumento es el resultado de múltiples factores. Por un lado, hay mejor capacidad para
detectar los ACV gracias a los avances en diagnóstico, que permiten identificar incluso los
episodios más leves. Pero también están presentes los factores de riesgo clásicos como la
presión alta, el consumo de tabaco, diabetes, estrés, la vida sedentaria, etc.

En cuanto al incremento de casos en mujeres, los síntomas son, en su mayoría, distintos a
la de los varones, por lo que los médicos suelen pasar por alto relacionándolos a
enfermedades erróneas.

A esto se suman las diferencias sociales y ambientales, que pueden influir en quién tiene
más o menos probabilidades de sufrir un ACV. Los contextos socioeconómicos juegan un
papel clave y deberían analizarse más a fondo en futuras investigaciones.

¿Cómo prevenir el ACV?
En 2021, el ACV estuvo entre las tres principales causas de muerte a nivel mundial, junto
con el COVID-19 y las enfermedades cardíacas. Si bien la mortalidad por ACV se mantuvo
relativamente estable durante la pandemia, el número total de casos y de personas que
viven con secuelas aumentó notablemente. Esto pone de relieve la urgencia de mejorar los
sistemas de salud, en especial en la atención de urgencias y la rehabilitación.

Afortunadamente, muchos ACV podrían prevenirse. Por ejemplo, si se lograra controlar la
hipertensión en al menos la mitad de la población (actualmente solo lo logra un 36%), se
podrían evitar unas 120.000 muertes al año solo en América.
“Hay coincidencia en la mayor parte de los estudios que un enfoque basado en cambios de
estilo de vida, los cuales tienen gran impacto en la prevención de la hipertensión y el ACV.

Las revisiones destacan la efectividad de intervenciones como la dieta, el ejercicio y la
reducción del estrés en la disminución del riesgo de ACV”, indicó el decano de la UMA.

El desafío es enorme, pero también lo es la oportunidad de salvar vidas y reducir el impacto
económico y social de una enfermedad que, con información, prevención y atención a
tiempo, se puede evitar en muchas ocasiones.

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