En el Perú, la pollada es mucho más que una receta tradicional. Desde hace décadas, este plato se ha convertido en una herramienta solidaria que moviliza a barrios enteros frente a diferentes necesidades: desde cubrir gastos médicos hasta reconstruir viviendas tras desastres naturales.
Lejos de perder vigencia, la práctica se ha adaptado a los nuevos contextos sociales y económicos. Según especialistas en emprendimiento gastronómico, las polladas son un fenómeno único de organización comunitaria, donde un plato emblemático se convierte en vehículo para generar recursos que transforman la vida de muchas familias.
“La esencia de la pollada está en la ayuda mutua. Hemos atendido eventos que no solo celebran, sino que cumplen un fin solidario, apoyando a colegios, hospitales y clubes deportivos”, comenta Rodolfo Cuadros, gerente general de Polladas Ninos Chicken, empresa que ha profesionalizado este formato sin perder su sentido social.
En tiempos de emergencia o dificultad, las polladas se consolidan como un punto de encuentro que trasciende lo culinario. “Aún recibimos pedidos para apoyar colectas y causas comunitarias. Esa tradición de tender la mano a través de la comida es algo que no debemos perder”, añade Cuadros.
Incluso el Banco Mundial ha resaltado su rol en estudios sobre resiliencia económica, destacando que muchos peruanos las consideran una de las formas más ingeniosas de generar ingresos en tiempos de crisis, superando alternativas como los préstamos tradicionales.
Hoy, frente a los desafíos sociales y económicos, las polladas siguen vigentes como un símbolo de identidad peruana y un recordatorio de que la solidaridad también puede servirse en un plato de pollo.
