SUNAT y fiscalizaciones: por qué la informalidad digital termina saliendo cara

La SUNAT ha elevado significativamente el nivel de exigencia en sus procesos de fiscalización gracias al uso de herramientas digitales, cruces de información y trazabilidad en tiempo real. Este nuevo escenario está obligando a las empresas a ir más allá de la formalidad tradicional y poner el foco en el orden interno con el que gestionan su información.

Hoy ya no basta con emitir comprobantes electrónicos o estar inscrito en el sistema. La forma en que se registran, integran y reportan los datos dentro de una organización puede marcar la diferencia entre cumplir adecuadamente o enfrentar observaciones, multas y reparos.

“La informalidad ya no es únicamente operar fuera del sistema, también es gestionar la información de forma desordenada. Vemos empresas que emiten comprobantes electrónicos, pero llevan su contabilidad en hojas de cálculo o con procesos manuales, lo que genera inconsistencias frente a los sistemas de la SUNAT”, explica Rigoberto Caballero, Country Manager de Defontana en Perú.

Orden interno bajo la lupa

La capacidad de la autoridad tributaria para detectar inconsistencias ha crecido de forma notable. Hoy es posible identificar diferencias entre ventas, compras, inventarios y declaraciones en menos tiempo y con mayor precisión, lo que incrementa la exposición de las empresas a procesos de fiscalización.

Errores como la duplicidad de registros, la omisión de ingresos, la falta de conciliación bancaria o las diferencias entre lo facturado y lo declarado son fácilmente detectables y pueden derivar en sanciones económicas importantes.

“Cuando no existe integración entre las áreas contables, financieras y operativas, se pierde trazabilidad. Y esa falta de orden es precisamente lo que activa alertas en los sistemas de fiscalización”, añade Rigoberto Caballero.

Informalidad digital: el riesgo que no se ve

A diferencia de la informalidad tradicional, la informalidad digital suele pasar desapercibida dentro de las organizaciones. Se manifiesta en prácticas como el uso intensivo de Excel, sistemas desconectados o registros manuales que no dialogan entre sí.

Este tipo de gestión no solo dificulta el cumplimiento tributario, sino que también limita la capacidad de respuesta ante requerimientos de la SUNAT, en un entorno donde los plazos son más cortos y la exigencia de sustento documental es mayor.

Además, con la facturación electrónica obligatoria y el reporte de información en tiempo casi real, cualquier inconsistencia puede ser detectada rápidamente, reduciendo el margen de corrección.

Frente a este escenario, los especialistas coinciden en que el reto no es solo digitalizar, sino hacerlo con orden. La implementación de sistemas integrados permite centralizar la información, automatizar procesos y asegurar consistencia en los datos.

“Las empresas que avanzan hacia una gestión integrada no solo reducen riesgos tributarios, sino que también mejoran su eficiencia operativa y capacidad de toma de decisiones. El orden administrativo deja de ser una carga y se convierte en una ventaja competitiva”, concluye Caballero de Defontana.

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